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Nuestra misión, compartir un corazón...

      Si caminamos por las calles de nuestro barrio, de nuestra ciudad o del país, nos encontraremos con un clima de euforia y alegría, que particularmente no es un estado que nos caracterice. Parece,  que lo  que más fácilmente  nos hace sentir de esta manera serían los mundiales de fútbol.  ¿Será que sólo este espectáculo es lo único que hace llenar las calles de banderas? ¿Habrá tan pocas cosas para alegrarnos? ¿Nuestra identidad, nuestros éxitos y nuestro orgullo como país, pasarán por una pelota de fútbol? Personalmente, creo que no está mal celebrar,  pero me parece  insuficiente a la hora de definir nuestra madurez como país. Porque tenemos muchas cosas para alegrarnos y sentirnos orgullosos: somos un pueblo que, por ahora, sigue defendiendo y sosteniendo a la familia como un valor, somos uno de los pocos países en el mundo que sigue defendiendo la vida desde la concepción, los argentinos que estudian o trabajan en el exterior muy pocas veces fracasan, y si deciden volver es precisamente por esta nostalgia a nuestras cosas, en aquellos lugares en los que la violencia no ha hecho estragos, el barrio sigue siendo el lugar donde sabemos quiénes somos y donde nos reconocen, somos un pueblo que en su gran mayoría defiende la paz, no tenemos serios conflictos raciales, hacemos casi un culto a la amistad y al encuentro con otros, y podríamos seguir enunciando situaciones o hechos cotidianos que nos tienen que hacer sentir verdaderamente orgullosos. Es por todo esto que es tan bueno celebrar.

      Y hablando de celebraciones, el año pasado lo hacíamos en torno al cincuentenario de la llegada de los Hnos Maristas a Villa Lugano. Lo que no imaginábamos era que este año volveríamos  a tener entre nosotros una comunidad de Hermanos. Claro que las cosas no son como hace cincuenta años, el mundo ha cambiado, y bastante. Y nosotros, Hermanos y Laicos Maristas,  por supuesto no podíamos quedar ajenos a esta realidad. Es por eso que ahora hablamos y trabajamos desde la misión compartida. Misión que no se circunscribe a los  Hermanos, directivos y docentes, sino que también le corresponde a padres, alumnos y exalumnos  que quieran llevar adelante el carisma de San Marcelino. El Hno Seán Sammon, Superior General de los Hermanos Maristas, nos decía en Rosario este último  25 de Mayo: “(…) entre los muchos dones que nos vinieron de la mano  del Concilio uno era la constatación de que el carisma del fundador (San Marcelino) pertenece a la Iglesia y no sólo a los hermanos. Por consiguiente, hoy los laicos desafían la noción de que el carisma es un tesoro que pertenece sólo a los hermanos. Cada uno de los miembros del laicado marista tiene su historia personal que contar, ha recorrido su propio itinerario de fe, y cuenta con una experiencia única del fundador y de su espiritualidad.

        Si hemos de escuchar esas historias, oír esos relatos de fe, y llegar a apreciar con más plenitud las muchas experiencias de Marcelino y su espiritualidad que se dan alrededor de nosotros, será bueno que compartamos lo que tenemos en común y respetemos las diferencias que hay entre un hermano de Marcelino y un marista seglar” (Mensaje del hno Seán a los laicos maristas: Una identidad más clara para el laicado marista.)

       Evidentemente esta situación no es sencilla ya que, debemos aprender a compartir la misión sobre la marcha. No podemos detenernos a estudiar la situación y cerrar el colegio hasta que tengamos todo claro. Y en el desarrollo  de este aprendizaje, nos puede pasar que  deseemos que nosotros o nuestros hijos tengan las mismas vivencias que tuvimos en otros tiempos. Realmente eso no puede suceder, pero lo que podemos y debemos hacer, Hermanos y Laicos, es encarnar el espíritu de San Marcelino en este tiempo. En el año  2002 el Hno Manuel Alvez nos decía: “Los Laicos no son sustitutos de los Hermanos. No se trata, pues, de repetir la misma estructura. (..) Recrear las antiguas estructuras para integrar la nueva participación de los Laicos es, absolutamente necesario”. Y más adelante nos recordaba: “La corresponsabilidad demanda participación de todos, en todos los dominios y ámbitos educativos. Los Laicos son responsables para que el colegio o la obra promueva una educación evangelizadora marista”.  Creo que este es el nuevo soplo del Espíritu, sobre una realidad, sobre un carisma que ya existía, pero que ahora es compartida por muchos.

        Y esto que nosotros estamos experimentando en estos tiempos, también sucede en otros países. Es por esto, que en el marco del XX Capítulo General de los Hermanos Maristas, se le solicitó al Consejo General  crear las estructuras necesarias para asegurar, en el Instituto y como apoyo a la misión compartida entre Hermanos y Laicos y al servicio educativo evangelizador a los niños y jóvenes más pobres y excluídos la puesta en marcha de algún foro internacional marista. Para llevar adelante este pedido se realizará, en el próximo año, en Brasil, un encuentro  de Hermanos y Laicos que se ha denominado Asamblea Internacional Marista que lleva como lema “Un corazón una misión”. Nosotros, también nos prepararemos en nuestro ámbito local, para compartir nuestra experiencia como integrantes de esta comunidad, y hacer los aportes que creamos necesarios para hacer que el sueño de Marcelino siga haciéndose realidad entre nosotros.  Entonces, Hermanos, alumnos, exalumnos, padres, docentes y  directivos trabajaremos para hacer llegar nuestro corazón marista a los que estén reunidos el próximo año en Brasil.

         Que el Señor, nos de la sabiduría necesaria, para saber descubrir en esta comunidad, las necesidades de los que nos rodean, que la Buena Madre nos de un corazón atento y dispuesto a compartir con los demás y que, Marcelino nos de la valentía necesaria para hacer de la solidaridad el signo que nos identifica.

 

    Gustavo Daniel Mattos

                                                       Director General

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